sábado, 13 de diciembre de 2008

La aventura de ser maestro

En mi aportación a la lectura del texto “la aventura de ser maestro” de José M. Esteve de la universidad de Málaga España desarrollado en el 2003, considero lo siguiente:
Luego de analizar esta bella lectura puedo afirmar que este poeta de la educación es un completo enamorado de su profesión y su quehacer educativo.
Esteve afirma que “se aprende a ser profesor por ensayo y error”, cosa que se da aún más en nuestro nivel, ya que en mayoría carecemos de una formación pedagógica, como podemos observarlo en nuestra propia currícula; Menciona que “la enseñanza es una profesión ambivalente”, que puede ser tan apasionante o tan aburrida como decidamos, ciertamente, todo es cuestión de actitud y compromiso; Precisa también que “el objetivo es ser maestros de humanidad”, que es lo que actualmente se pretende lograr con la aplicación de una pedagogía constructivista y la ceración de competencias en los y las jóvenes de EMS. En lo personal el considerar el lado humano, la recuperación de conocimientos previos y la forma de aplicar los conocimientos generados, le da un sentido práctico y real a la educación, permitiendo que no solo los contenidos teóricos se registren como en cintas magnéticas o discos compactos que se borran en poco tiempo en las mentes de los educandos, sino que se aprehendan para poder ser entendidos y aplicados a problemas reales de un mundo real.
Debo admitir que “La aventura de ser maestro” me sacudió fuertemente donde el autor menciona que los maestros de EMS “nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes”, pero al leer el comentario de letty ante la interrogante que le hacen sus pequeños hijos: ¿…y si te pagan tan poquito Por qué das clases?, y luego de remontarme a mi niñez , recuerdo claramente referirme a mi madre, maestra normalista por vocación, de la siguiente manera: ¡Nunca seré maestra!, trabajas tanto, te pagan tan poco y por si fuera poco tienes que comprar los dulces y juguetes que les regalas a tus alumnos para el día del niño y para la posada; Por estos motivos y por seguir mi propia vocación no estudié maestra normalista, aún sabiendo que al jubilarse mi madre tenía una plaza segura, ahora que ha pasado el tiempo y el destino y mi propia voluntad me han conducido por este camino de la educación he cambiado mi perspectiva de una manera radical. Mi ingreso a EMS fue para realizar trabajos administrativos, luego ocupé un cargo en recursos humanos, totalmente afín a mi perfil de Lic. En Admón. de Empresas, pero fue por una inquietud propia, así como por el deseo de crecer y alcanzar una clave mejor que solicité impartir clases que actualmente combino con mi actividad de jefa de departamento, desarrollando así también funciones de mi perfil administrativo.
Admito que comparto la opinión de la “ambivalencia en la profesión de la enseñanza”, ya que al principio me costó mucho trabajo organizar las clases y me aburrí soberanamente utilizando métodos tradicionalistas, pero ahora, con el constructivismo, con las técnicas que he aprendido y desarrollado en las aulas y que hacen que las y los jóvenes no quieran abandonar el salón después del toque de salida, para continuar con el tema tratado, luego de encontrar a mis ex alumnos convertidos en profesionistas de éxito y entre platicas recordar los momentos vividos en clases y algunos temas importantes tratados en los tiempos de estudiantes, créanme que verdaderamente he estado muy cerca de tocar el cielo.
A unos 20 años de haber subvalorado la docencia, me veo eligiendo y preparando cuidadosamente los materiales didácticos, preocupada y ocupada cuando un o una joven no tienen lo más elemental para asistir a la escuela, escogiéndoles un pequeñito detalle para el día del amor y la amistad, compartir el día del niño aunque sea una paleta y organizando actividades que los haga sentirse felices. Ha sido hasta vivir esta experiencia, que he podido comprender la gran pasión que sentía mi madre por esa labor tan noble e importante que realizaba, porque su dedicación y amor a su quehacer la hicieron entrar en la mente y en los corazones de sus alumnos.
La disciplina en mis aulas la acordamos por consenso, con el compromiso y el cumplimiento mediante la elaboración de un decálogo de valores, que nos ha dado muy buenos resultados y genera un clima propicio para el aprendizaje.
Considero, al igual que el autor, que lo más importante en nuestro quehacer es “Ser maestros de humanidad”; Que no hay mayor satisfacción que el sentirse comprendido y que nuestras ideas sean escuchadas y respetadas. ¡Esto es lo que claman las y los jóvenes!; Nosotros debemos ser su fuente de inspiración, su ejemplo a seguir, para que el día de mañana estemos presentes en sus recuerdos y en sus éxitos.
Nos quejamos del nivel académico con que ingresan los alumnos, eso no es responsabilidad nuestra, pero sí lo es su nivel de egreso y esto me trae a la mente el recuerdo de un viejo proverbio chino que alguna vez leí y que nunca olvidaré: “Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno ni es bueno el maestro”.
Sé que algunas veces tenemos que batallar demasiado y luchar contra vicios arraigados, pero: "hasta el acero se vence” y "el corcel más salvaje se amansa con azúcar”.

1 comentario:

  1. Hola Paty.
    Comparto tus comentarios, hay que formar a esos jóvenes de la manera más humana primeramente y después como docentes y nos dará como consecuencia un producto final con calidad en la EMS.

    Bien por tu reflexión. Saludos Marcela.

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